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<title>Series de Estudios</title>
<link>http://repositorio.isalud.edu.ar/xmlui/handle/123456789/506</link>
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<pubDate>Tue, 21 Apr 2026 04:32:31 GMT</pubDate>
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<title>Clasificaciones diagnósticas en psiquiatría: aspectos clave para su uso en salud pública</title>
<link>http://repositorio.isalud.edu.ar/xmlui/handle/123456789/1442</link>
<description>Clasificaciones diagnósticas en psiquiatría: aspectos clave para su uso en salud pública
Barrionuevo, Hugo; Graña, Dante
El reporte de Salud en el Mundo de 2001 hace un fuerte llamado a la integración del  enfoque de Salud Pública para reducir el peso en el mundo de lo que se estima son 450 millones de personas con problemas de salud mental. Este reporte señala que “dada la magnitud del problema, la multifacético etiología, el persistente y serio estigma y discriminación y la brecha significativa entre necesidad y tratamientos a lo largo del mundo, un enfoque de Salud Pública es el método más apropiado para responder a tal necesidad”. La OMS define como objetivos de la Salud Pública en este campo: &#13;
  Formular políticas y planes nacionales y legislar, para mejorar la salud mental de las poblaciones&#13;
  Asegurar el acceso universal a servicios apropiados y costoefectivos, incluyendo promoción, prevención y servicios de atención&#13;
primaria&#13;
Asegurar un cuidado adecuado y la protección de los derechos humanos para los pacientes con los desórdenes más severos y los institucionalizados, así como procurar el cuidado comunitario de los mismos&#13;
Evaluar y monitorear la salud mental de las comunidades, incluyendo especialmente a las poblaciones vulnerables como niños, mujeres y ancianos.&#13;
Promover estilos de vida saludables y reducir los factores de riesgo específicos para trastornos de salud mental&#13;
Estimular la vida familiar estable, la cohesión social y el desarrollo humano, incluyendo estímulos para las organizaciones sociales y familiares&#13;
Estimular la investigación sobre las causas de la enfermedad mental, el desarrollo de tratamientos efectivos y la evaluación de los sistemas asistenciales&#13;
Desarrollar recursos humanos para los servicios de salud mental&#13;
La Salud Pública, como generalidad, refiere a todas las medidas, tanto públicas como privadas para promover la salud, prevenir la enfermedad, prolongar la vida y mejorar la riqueza y la calidad de la vida de la población en su conjunto. No obstante algún grado de control se ha logrado sobre enfermedades transmisibles, mucho queda por hacer en cuanto a la Salud Mental desde la perspectiva de Salud Pública; la cual aplica un enfoque multidisciplinario que comparte la responsabilidad con la población destinataria, con acciones intersectoriales y utilizando intervenciones técnicas de corrección de enfermedad, como así también legislativas, administrativas y de otros órdenes, como por ejemplo las educativas.&#13;
Entre las funciones esenciales de la Salud Pública, oportunamente establecidas por la OMS y aptas para reducir la carga de los problemas relacionados con la salud mental, se incluye el monitoreo de las condiciones de salud de las comunidades, las inequidades en salud y el uso de los servicios por parte de la población. Todos estos aspectos han sido abordados en diversos estudios llevados a cabo en países con diverso grado de desarrollo, estudios que han abordado asimismo los modelos y la prevalencia en distintos dispositivos asistenciales, como los de atención primaria. &#13;
La función de vigilancia epidemiológica, otra  de las nueve listadas por la OMS, ha sido llevada a cabo en temas de salud mentalen el caso de poblaciones sometidas a desastres naturales o conflictos armados, con desplazamiento de personas a otras regiones. Algo menos se ha estudiado el uso de los servicios y la utilización de datos provenientes de estos para la elaboración de planes (ver informe SE No. 6 de esta misma serie). Finalmente, la función de gestión estratégica de los servicios y sistemas ha sido aplicada a mejorar la accesibilidad, teniendo en cuenta la brecha señalada entre la necesidad y la oferta y el uso efectivo de los servicios.&#13;
La adecuada implementación de estas funciones de Salud Pública requiere de categorías diagnósticas confiables que respondan a intervenciones específicas, psicosociales y farmacológicas. El monitoreo y la vigilancia epidemiológica producen diferentes resultados dependiendo de qué tipo de sistema diagnóstico se utilice, y de allí pueden seguirse una serie de malos entendidos a lo largo de la cadena de significados, conclusiones y decisiones que siguen a la información.&#13;
El objetivo de este trabajo ha sido obtener algún instrumento apto para aquellos propósitos, los de adecuar las referencias producidas por la investigación o la información proveniente de los servicios, a las funciones de Salud Pública.&#13;
Este informe constituye la elaboración de una parte de un grupo que trabajó en el tema de los manuales diagnósticos. Y a su vez este tema constituyó un capítulo dentro de un gran conjunto que también se explicará de modo de ayudar al lector a ubicar esta pequeña molécula en un compuesto mucho más ambicioso. Los autores, Hugo Barrionuevo y Dante Graña, tomaron a su cargo comentar los “Aspectos principales a tener en cuenta al utilizar para propósitos de Salud Pública los manuales diagnósticos existentes.  Este grupo estuvo dirigido por el Jefe del Departamento de Salud Mental de la República de Chile, Alberto Minoletti e integrado por los autores y  por Fred Kigozi de Uganda (experiencias exitosas con los actuales.&#13;
Manuales en países de bajo y mediano ingreso), Pichet Udomrain de Tailandia (problemas con los actuales Manuales en los países de bajos y medianos ingresos), Edgardo Perez de Canadá (cualidades que en los Manuales ayudan y son aptas para su uso en Salud Pública), Margarita Alegría de Puerto Rico (cómo mejorar la utilización de los sistemas de clasificación diagnóstica desde el punto de vista de la Salud Pública), y Francisco Torres de España (revisión de borradores).&#13;
El conjunto del trabajo se realizó bajo la supervisión de APIRE (Instituto Americano de Investigación Psiquiátrica, Grupo de trabajo de la Conferencia de Salud Pública).&#13;
A continuación se incluye, en su idioma original, los constituyentes de todo el grupo y la temática que fue abordada, siendo el presente informe la porción correspondiente a “Aspectos relevantes a considerar en la transferencia o adaptación de los Manuales y Sistemas de Diagnóstico desde su original propósito clínico a las funciones de Salud Pública. Toda la tarea culminaba con una Conferencia Internacional en Septiembre de 2007. El trabajo se compuso desde julio de 2006 a marzo de 2007.
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<pubDate>Tue, 01 Jan 2008 00:00:00 GMT</pubDate>
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<title>Vigilancia epidemiológica en salud mental: pautas para su implementación en la Argentina</title>
<link>http://repositorio.isalud.edu.ar/xmlui/handle/123456789/1438</link>
<description>Vigilancia epidemiológica en salud mental: pautas para su implementación en la Argentina
Barrionuevo, Hugo; Graña, Dante; Silva, Carlos David
Los trastornos mentales constituyen una porción importante de la carga de&#13;
enfermedad de las sociedades modernas. Para el 2000 fue estimada en el&#13;
12,3% del total de AVAD perdidos y se estima que en el 2020 esta&#13;
proporción llegará al 15% del total de la carga, con un incremento de la&#13;
porción correspondiente a demencias y depresiones. Los suicidios juveniles&#13;
muestran una tendencia al crecimiento y han aparecido además los&#13;
problemas vinculados con las adicciones y la violencia en sus distintas&#13;
formas. Estas últimas se han constituido como entidades fronterizas que&#13;
cabalgan sobre las categorías de salud mental y el campo de lo social.&#13;
De esta manera se hace evidente la necesidad de constituir sistemas de&#13;
información que provean de insumos a los tomadores de decisiones&#13;
respecto de la incidencia y prevalencia de patologías y/o eventos&#13;
relevantes y que adviertan sobre la aparición de cambios significativos en&#13;
la magnitud o las características de los mismos. Los sistemas de vigilancia&#13;
epidemiológica son los que en la actualidad están metodológicamente más&#13;
desarrollados y con aptitud de proveer información pertinente, relevante y&#13;
oportuna a los tomadores de decisiones.&#13;
No existe en la Argentina ningún sistema de estas características en el&#13;
campo de la salud mental. Sí hay bloques de información dispersa y&#13;
carente de homogeneidad.&#13;
Sin embargo ya desde el año ‘98 el Plan Nacional de Salud Mental incluye&#13;
entre sus objetivos: “Constituir, mantener y optimizar permanentemente&#13;
un Sistema de Vigilancia Epidemiológica en Salud mental -integrado al&#13;
SINAVE-, que permita un adecuado y permanente diagnóstico situacional,&#13;
modelos y niveles de daño y perfil de los recursos existentes, con la&#13;
consiguiente optimización de la formulación de prioridades y la mayor&#13;
certeza en la toma de decisiones”.&#13;
La presente investigación se propuso evaluar la factibilidad y la&#13;
conveniencia de implementar un sistema de información que permita&#13;
cumplir con los objetivos de proveer datos sobre el estado del problema y&#13;
sus cambios. Para ello fueron evaluados la disponibilidad de información,&#13;
su calidad, y los mecanismos necesarios para convertirla en útil a los&#13;
efectos antedichos. Además se definió para qué tipo/s de evento/s sería&#13;
conveniente la instalación del sistema.&#13;
Este informe está organizado de la siguiente manera:&#13;
En la Introducción se identifican en primer lugar los objetivos de la&#13;
investigación y se describe su metodología.&#13;
A continuación, en el capítulo 2, se explicitan los criterios de la búsqueda&#13;
bibliográfica realizada, con algunas observaciones acerca de la misma.&#13;
En el capítulo 3 se aborda el problema de la vigilancia epidemiológica como&#13;
sistema, se define la terminología, sus objetivos, los atributos, el diseño y&#13;
finalmente los principales aspectos para su evaluación.&#13;
Serie de Estudios ISALUD Nº 6 - 2008&#13;
Secretaría de Ciencia y Técnica&#13;
 Página 5&#13;
Vigilancia Epidemiológica en Salud Mental.&#13;
Pautas para su implementación en Argentina.&#13;
En el capítulo 4 se describen y analizan los resultados de la investigación&#13;
bibliográfica en materia de vigilancia epidemiológica en salud mental&#13;
propiamente dicha, partiendo de los sistemas vigentes en los países&#13;
centrales y completando con las experiencias regionales en Latinoamérica&#13;
y finalmente en Argentina.&#13;
En el capítulo 5 se sintetiza un listado de eventos para vigilancia de&#13;
acuerdo a lo expuesto en el capítulo anterior.&#13;
El capítulo 6 resume los resultados de las entrevistas efectuadas a los&#13;
naturales “usuarios” de este tipo de sistema (aquellos que toman&#13;
decisiones) y continuando con la metodología del estudio, en el capítulo 7&#13;
se sintetizan los resultados obtenidos de las entrevistas realizadas a los&#13;
“productores” de información (profesionales con responsabilidad directa en&#13;
los servicios asistenciales).&#13;
Finalmente se exponen las conclusiones de la investigación y se incorporan&#13;
en cada caso analizado las recomendaciones que a nuestro juicio pueden&#13;
contribuir a la mejora y consolidación de los sistemas existentes, a un&#13;
mejor aprovechamiento de la información que suministran y&#13;
eventualmente al diseño e implementación de nuevos sistemas.&#13;
Para facilitar una rápida lectura y comprensión de las principales&#13;
características descriptas en este capítulo, se incorpora al final un resumen&#13;
que consideramos incompleto, pero que nos resultó y seguramente le&#13;
resultará útil al lector, para el análisis y comprensión de las cualidades y&#13;
los productos de las distintas fuentes y/o sistemas de información. La&#13;
articulación inteligente de estos sistemas es lo que concebimos debiera&#13;
constituirse como “sala de situación” para la vigilancia en salud mental.&#13;
Se incluyen como anexos el cuadro resumen con listado de eventos&#13;
encontrados en la bibliografía, el listado de los informantes clave&#13;
entrevistados y las guías utilizadas para dichas entrevistas.
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<pubDate>Tue, 01 Jan 2008 00:00:00 GMT</pubDate>
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<title>Políticas y estrategias de adquisición de medicamentos esenciales: Un análisis sistematizado de modelos y experiencias clave en América Latina</title>
<link>http://repositorio.isalud.edu.ar/xmlui/handle/123456789/632</link>
<description>Políticas y estrategias de adquisición de medicamentos esenciales: Un análisis sistematizado de modelos y experiencias clave en América Latina
Puente, Catalina de la; Tobar, Federico; Stamponi Rallis, Ana Sofía
Durante la década de los 90, y precisamente a causa de las políticas neoliberales implementadas en ella, surge con mayor frecuencia y vehemencia la discusión sobre equidad, o más bien sobre inequidad (consecuencia del sistema de mercado, que no resuelve el problema de todos aquellos bienes que presentan fallas), que fue el problema que se presentaba entonces y cuyas consecuencias persisten aún en nuestros días. Estas discusiones sobre la definición de equidad se han enriquecido notablemente en los últimos tiempos, y existe un consenso paulatino respecto de lo que se entiende como equidad en salud y equidad social. Sin embargo, y con independencia de la definición de equidad adoptada hay un hecho claro, el concepto de equidad se vincula al concepto de justicia social. Entonces, desde una visión simple, todo se reduce a la pregunta: ¿Es justo? Por diferentes que sean los pensamientos o comportamientos de las personas que comparten una misma cultura, existe acuerdo en la visión de una situación dada: nadie podría afirmar que es justo que un niño muera de una enfermedad de causas prevenibles, y todos estarían de acuerdo en que el Estado financie la intervención en ese tipo de enfermedades. Sin embargo, si nos preguntamos si es justo que el Estado financie una intervención quirúrgica costosa con un 5% de probabilidad de sobrevida, ya no todas las personas estarían de acuerdo. El principal desacuerdo en este último caso se genera en la asignación de recursos escasos, ya que entre los que están en desacuerdo se analiza la cantidad de otro tipo de intervenciones que el Estado podría aplicar para salvar más vidas o mejorar la calidad de vida de muchas personas en detrimento de una, se analiza el costo de oportunidad de esa intervención y muchos ya no estarían de acuerdo en que sea justo, en que sea equitativo comparado con el beneficio potencial de ser asignado a otro tipo de atención de la salud. Sin embargo, y a pesar de estas diferencias intrínsecas al campo de la salud, existe cada vez mayor aceptación en que la salud es el elemento más importante en la vida de una persona, sin ella es prácticamente inadmisible desarrollar en forma completa cualquier otro tipo de actividad. Por esta razón, asegurar la equidad en salud es la puerta que permite que equidades en otros campos sean posibles. En palabras de Sen “la salud es una de las condiciones más importantes de la vida humana y un componente fundamental de las posibilidades humanas que tenemos motivos para valorar. Ninguna concepción de la justicia social que acepte la necesidad de una distribución equitativa y de una formación eficiente de las posibilidades humanas puede ignorar el papel de la salud en la vida humana y en las oportunidades de las personas para alcanzar una vida sana, sin enfermedades y sufrimientos evitables ni mortalidad prematura. La equidad en la realización y distribución de la salud queda así incorporada y formando parte integral de un concepto más amplio de la justicia.” Es por ello que asegurando la equidad en salud se abre la posibilidad de que exista equidad en otros campos, dado que sin salud sería difícil desarrollar, por ejemplo, el máximo potencial educativo, social o laboral y por ende no permitiría la plena capacidad adquisitiva a la que se podría aspirar. En otras palabras, La plenitud en el estado de salud logra, en el ideal, generar equidad de acceso a los otros campos que permiten el desarrollo completo de la calidad de vida de una persona. Si bien es evidente la importancia de la salud en el desarrollo de la plena capacidad de una persona, y también la relevancia de asegurar a todas las personas la misma oportunidad para que ese pleno desarrollo se realice, no lo es, el cómo hacerlo. En tiempos recientes, se ha buscado la respuesta a la pregunta de cómo lograr dar a todas las personas las mismas oportunidades para que desarrollen su pleno potencial, y ha surgido la necesidad de intercambiar experiencias entre los países que han logrado un avance, grande o pequeño, en este campo. Para ello, se ha tendido a expandir el concepto de equidad y se está utilizando el de cohesión social, como un término más abarcativo que incluye a la equidad pero que particularmente involucra a la comunidad como un todo en su complejo tejido social, considerando los aspectos de pertenencia y ciudadanía, y los de lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. El concepto de cohesión social, en América Latina surge, precisamente, como respuesta a los problemas de pobreza extrema, alta concentración de la riqueza, enormes desigualdades y cuestiones de discriminación y exclusión social. Esto se hace manifiesto “Desde la III Cumbre entre la Unión Europea y América Latina/Caribe, celebrada en Guadalajara (México) en mayo de 2004, y con la adopción y consiguiente aplicación del programa EUROsociAL, la cohesión social ha pasado a ser un punto esencial de la cooperación dentro de la asociación UE-ALC”. La definición del concepto de “cohesión social” es relativamente nueva, y en la actualidad existe un fuerte debate respecto de los alcances de su definición. Sin embargo, para limitar o acotar el marco teórico de manera que resulte práctico para su aplicación, se ha limitado el concepto al análisis desarrollado en abril de 2007, en Buenos Aires, donde se realizó un Taller Metodológico del Programa de EUROSOCIAL para la cohesión Social en Latinoamérica, que enmarcan claramente la definición desde diferentes perspectivas. Desde un punto de vista socio-cultural, es definida como: “la capacidad de una sociedad para asegurar el bienestar de todos sus miembros, minimizando las disparidades y evitando la polarización. Una sociedad cohesionada es una comunidad de individuos libres que se apoyan mutuamente para perseguir estos objetivos comunes a través de medios democráticos.” Desde un punto de vista instrumental: “En el contexto de la globalización, la promoción de la cohesión social tiene por objetivo construir sociedades más solidarias, que ofrezcan oportunidades reales a todos (incluidos los más desfavorecidos) de acceder a los derechos fundamentales y al empleo, de beneficiarse del crecimiento económico y del progreso social (…) La promoción de la cohesión social es esencial para luchar contra la pobreza y la desigualdad. Es también indisociable de la consolidación de la democracia, de una economía eficaz y de un empleo digno para todos.” Existen otras perspectivas de la cohesión social que le da identidad. como la socio-económica, que se focaliza en la existencia de mecanismos de redistribución, de promoción de la equidad y de protección de los grupos menos favorecidos; la socio-política, que busca el logro de consensos políticos; la socio-institucional, que necesita la presencia de instituciones públicas y privadas legítimas y reconocidas para gestionar el conflicto de divisiones étnicas, religiosas, de género, sociales o políticas de manera eficaz, y la socio-cultural, que requiere individuos que se impliquen en la gestión de los asuntos públicos y hagan ejercicio de ciudadanía, favoreciendo el diálogo, la solidaridad, la tolerancia y el respeto a las diferencias, evitando el desencanto y la apatía. Considerando lo anterior, se ha adoptado el concepto de Cohesión Social establecido en el marco del Programa de EUROSOCIAL que la define como “...es un atributo de las sociedades democráticas, que tiene como resultado la formación de un tejido social y la vertebración de las distintas comunidades y grupos de un país”. “Lo anterior permite comprender la relevancia de políticas que apuntalen una cohesión social basada en valores democráticos. Más allá de su indudable relevancia ética en razón de la equidad, esta también es relevante para determinar la solidez del Estado de derecho, del orden social democrático y de la gobernabilidad. Sin embargo, el uso del concepto dista de ser riguroso: más bien, es un objetivo u horizonte político que se asocia indistintamente con diversos y abigarrados aspectos del desarrollo social que, según se afirma, contribuyen a su logro o lo obstaculizan”
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<pubDate>Mon, 01 Jan 2007 00:00:00 GMT</pubDate>
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<title>El peso de la obesidad: Una revisión sobre el impacto socio económico y algunas aplicaciones para Argentina</title>
<link>http://repositorio.isalud.edu.ar/xmlui/handle/123456789/631</link>
<description>El peso de la obesidad: Una revisión sobre el impacto socio económico y algunas aplicaciones para Argentina
Tarragona, Sonia; Caporale, Joaquín; Pippo Briant, Tomás
La identificación y el diagnóstico de la obesidad se pueden realizar de diversas maneras, pero la más utilizada en la práctica clínica es mediante la clasificación provista por la OMS, construida a partir del Índice de Masa Corporal (IMC). Sin embargo, dicha clasificación no está exenta de críticas pues se le advierte la no inclusión de algunas dimensiones relevantes tales como la edad, el género y las diferencias étnicas y epidemiológicas entre países, además de no contemplar la distribución de la grasa corporal. De acuerdo a esta clasificación y utilizando la base de datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) realizada por el Ministerio de Salud de la Nación en el año 2005 , se verifica que el 16% de la población adulta argentina es obesa y el 34% presenta sobrepeso. Asimismo, el 5% de la población adulta de nuestro país presenta obesidad clase 2 y 3 (severa a muy severa), siendo las mujeres las más afectadas en ambos grupos. Luego, poco más del 11% detenta obesidad clase 1 teniendo esta vez los hombres mayor participación que las mujeres. Estas figuras se replican entre la población adulta con sobrepeso. En relación a la distribución etárea, el 54% y el 62% de la población adulta con sobrepeso y obesidad, respectivamente tiene entre 35 y 64 años de edad. Esta condición es considerada como un factor de riesgo en el desarrollo de muchas enfermedades; entre ellas la enfermedad cardiovascular, diversos tipos de cáncer, problemas respiratorios, diabetes tipo 2 y artritis. En función de los distintos grados de asociación con estas y otras condiciones, la concepción actual de la obesidad ha &#13;
ido virando hacia la heterogeneidad. Es decir, puede interpretarse como un factor de riesgo y también como una enfermedad severa en el caso de su clasificación mórbida y en algunos casos especiales de asociación con otras enfermedades. En el afán de encontrar los determinantes de la obesidad, numerosos autores coinciden que este estado particular de salud es el resultado de un gran número de factores; entre ellos biológicos, de comportamiento, culturales, sociales, de medio ambiente, económicos y de complejas relaciones entre los mismos. Sin embargo, este consenso no resulta tan evidente en la determinación del sentido y la magnitud en que participan cada uno de éstos.
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<pubDate>Mon, 01 Jan 2007 00:00:00 GMT</pubDate>
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